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Mostrando entradas de mayo 3, 2026

Entrada destacada

El espíritu en la botella-Hermanos Grimm

  Había una vez un modesto leñador que, con el sudor de su frente y el filo de su hacha, había logrado ahorrar lo suficiente para enviar a su único hijo a la universidad. El muchacho, dotado de una mente ágil y un corazón noble, estudió con ahínco hasta convertirse en un joven erudito.  Sin embargo, antes de que pudiera completar sus estudios superiores, los ahorros del padre se agotaron y el joven se vio obligado a regresar a la humilde cabaña en el linde del bosque. —No te preocupes, padre —dijo el muchacho con una sonrisa serena—. Te ayudaré en el monte. Mis manos quizás no tengan tus callos, pero mi voluntad es firme. El anciano temía que el joven no soportara la rudeza del oficio, pero al amanecer ambos se internaron en la espesura. Mientras el padre derribaba un robusto roble, el joven aprovechó el descanso del mediodía para explorar los rincones más profundos del bosque, donde la luz del sol apenas lograba filtrarse entre las copas de los árboles milenarios. Llegó a un ...

El gigante egoísta – cuento infantil para dormir de Oscar Wilde

  Todas las tardes, al salir de la escuela, los niños se iban a jugar al jardín del Gigante. Era un jardín grande y hermoso, con suave hierba verde. Aquí y allá, sobre la hierba, crecían bellas flores como estrellas, y había doce melocotoneros que en primavera se cubrían de delicadas flores rosadas y perladas, y en otoño daban ricos frutos. Los pájaros se posaban en los árboles y cantaban tan dulcemente que los niños dejaban de jugar para escucharlos. —¡Qué felices somos aquí! —se decían unos a otros. Pero un día regresó el Gigante. Había ido a visitar a su amigo, el ogro de Cornualles, y se había quedado con él durante siete años. Al cabo de ese tiempo, ya había dicho todo lo que tenía que decir, pues su conversación era limitada, y decidió volver a su castillo. Al llegar, vio a los niños jugando en su jardín. —¿Qué hacen aquí? —gritó con voz muy áspera. Y los niños huyeron corriendo. —Mi jardín es solo mío —dijo el Gigante—. Cualquiera puede entender eso, y no permitiré qu...